martes, 11 de julio de 2017

Caravana Abriendo Fronteras por los Derechos Humanos de las Personas Inmigrantes y Refugiadas


Las organizaciones sociales y sindicales que suscribimos la Carta de los Derechos Sociales de Euskal Herria queremos mostrar nuestro apoyo a la Caravana Abriendo Fronteras, organizada por la Plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak-Bizkaia,  que partirá hacia Melilla el 14 de julio a denunciar la vulneración sistemática de los Derechos Humanos de las personas inmigrantes y refugiadas en la Frontera Sur. Defendemos un modelo de sociedad que ponga en el centro el sostenimiento de la vida y es precisamente la vida lo que se juegan quienes huyen de la guerra y de la miseria. 

Denunciamos que la situación que soportan las personas migradas  y refugiadas son consecuencia de las políticas migratorias asesinas y antisociales que se vienen aplicando y que están dando lugar a un empobrecimiento generalizado de la población y  a una  distribución de la riqueza cada vez más injusta.  Es necesario luchar y defender la extensión de los derechos políticos, civiles y económicos a todas las personas.  


El racismo y la xenofobia que nos quieren inocular los gobiernos se sustentan sobre afirmaciones falsas como “nos quitan el trabajo”, “son delincuentes y terroristas”, “se aprovechan de nuestras ayudas sociales”, “nos invaden”…etc. Estas afirmaciones no tienen en cuenta las formas de neocolonialismo,  modelo actual de dominación de los países enriquecidos sobre los países del Sur Global.  

En la Unión Europea más de 119 millones de personas se encuentran en riesgo de pobreza lo que provoca migraciones internas entre los países miembros.  La precariedad laboral es un elemento fundamental de la competencia entre empresas y países, se da de forma generalizada en sectores como la construcción, transporte, industria cárnica, asistencia social y trabajo doméstico y legaliza la explotación de las migraciones internas entre trabajadores y trabajadoras de la UE. 

La necropolítica es otra de las vías impulsadas por el sistema económico capitalista y patriarcal, que no consiste solo en explotar y expulsar, sino en dejar morir a la gente.  Se trata de verdaderos crímenes internacionales.  Se asesina a líderes y lideresas de los movimientos ecologistas, feministas, LGTBI, campesinos e indígenas por defender su tierra en  contra de los grandes proyectos hidroeléctricos, pero también se elimina a personas que le sobran al sistema capitalista, quienes no puedan consumir o producir estorban y se convierten en desechos humanos (Bauman). 


El sistema capitalista todavía necesita gente y va a seguir contando con mano de obra migrante.  Pero va a ser una mano de obra sin derechos, que trabajará en sectores como la construcción, la hostelería o los cuidados convertida en mano de obra barata y precarizada.  Esta situación provocará una bajada de salarios y condiciones  de trabajo en un proceso - inducido por el capital y los gobiernos cómplices- de enfrentamiento entre la gente explotada y entre la gente pobre; entre nacionales pobres y extranjeros pobres.  Una “guerra” que favorece el capitalismo y sustenta el racismo y la xenofobia.  



Las personas refugiadas y migrantes son un símbolo que expresa y profundiza la guerra entre pobres.  Son muy funcionales al sistema capitalista, convirtiéndose en una de sus reglas de oro: mano de obra, formal o informal, barata y precaria, que formaliza la carrera hacia debajo de los derechos de las trabajadoras y trabajadores.

Todo nuestro desprecio a las instituciones y gobiernos europeos por proteger los derechos del capital y vulnerar los derechos de las personas. Frente a quienes defienden un proyecto neoliberal, patriarcal, militarizado, excluyente y regresivo, nosotras y nosotros defendemos la solidaridad internacionalista, basada en el encuentro de las personas y los pueblos. 

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